domingo, 10 de abril de 2011

La nuez rota





Cuando miro hacia atrás y compruebo los efectos del paso de la vida sobre quien fui, sólo puedo sacar en claro que, según ha ido aumentando mi capacidad para emocionarme y para mostrarme vulnerable, ha disminuido el pudor que ello provocaba en mí. Sólo rota ofrece la nuez lo que podemos tomar de ella. Espero haber transitado por el buen camino porque temo no estar ya a tiempo de corregir la trayectoria.


sábado, 19 de marzo de 2011

A mi padre





... que aunque no esté ya, sigue llenando mi memoria de instantáneas que en lugar de ajarse con el tiempo, parecen detenidas y lustrosas. A mi padre, cuya ausencia arrastró consigo la mitad de su recuerdo, dejándome solo la otra mitad a la que Serrat se refiere en su canción, en la que no cabe más que lo digno de ser recordado. A mi padre, que aró la tierra y condujo autobuses y tranvías con el mismo afán de excelencia que pone un cirujano en su labor componedora. A mi padre, que en su humildad y su grandeza solo pudo enseñarme, con el ejemplo, el valor de la honestidad, el fruto del trabajo y la entereza y, sobre todas las cosas, el poder de la alegría. A mi padre, que se arrancaba a cantar con la más pequeña excusa y que bailó hasta gastar las suelas de sus zapatos. A mi padre, que cuando cobraba en sobre su nómina nos hacía con los billetes un camino en el suelo para que los contáramos y festejáramos que alguna vez era más largo. A mi padre, robusto y saludable; a mi padre, enfermo y frágil al fin. A su agonía, a su dolor, a su último suspiro, que aún escucho. A su sonrisa, a sus fuertes manos, a sus 'bíceps crecedores' que tanto nos maravillaban; a sus clases de pasodoble en el salón, al amor que le unía a mi madre y al que le unía a su tierra... a su capacidad de disfrute, a la conformidad y satisfacción con que siempre contempló su propia vida. A mi padre y al orgullo con que siempre me declaré hija suya. Al tiempo infinito de inútil penuria que tardó la muerte en arrebatarlo ... tanto penar para morirse uno.

jueves, 6 de enero de 2011

Otra vez abarcas vacías, otra vez desiertas ...




Anteayer vi 'Biutiful', una historia que desde el primer minuto te golpea en el estómago, como un puño cerrado; que te deja sabor a ceniza en el paladar. Dura, muy dura desde todos sus flancos. Ni una concesión, ni un respiro. Lo peor de todo, saber que esas vidas existen, tal cual, o peores.



Ojalá hubiera reyes magos capaces de dejar algo en sus 'desiertas abarcas', siquiera el calor de una esperanza.



Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza,
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana,
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de bota
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta,
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía,
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pintadas ... no vacías.




Hacía bastante que no pasaba por aquí para dejar una huella. Pensé que expresar mis buenos deseos para cualquier posible visitante que, por error o a propósito, transite por esta página quizá fuese adecuado. Pues ésa es la única huella que hoy deseo dejar aquí: para quienes pasaron y se detuvieron, para quienes entraron y nunca más volvieron, para aquellos que aún no se han acercado y para todos los que nunca vendrán ... que la vida sea un paseo grato en el que el paisaje ofrezca su mejor color, su mejor perfume.



Me gusta este poema, siempre me gustó; lo pongo sin tener muy claro si es apropiado al fondo del comentario:



Pintada, no vacía,
pintada está mi casa,
del color de las grandes
pasiones y desgracias.


Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.


Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y entorno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera,
nocturna, perfumada.


El odio se amortigua
detrás de la ventana.


Será la garra suave.
Dejadme la esperanza.

PS: gracias a Miguel Hernández; gracias a Vds. también.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Dichoso baile



Yo, que quisiera cuidarlo, que en tanto aprecio lo tengo, al parecer lo maltrato.


Como la casa de M. Hernández, lo abrumo, cargándolo con 'las grandes pasiones y desgracias' quizá porque no sé desviar nada por otros senderos biológicos y cuanto me ocurre, como el fuego de M. Hernández también, corre 'dientes abajo, buscando el centro'.


Me olvido que tiene una misión a perpetuidad que debe cumplir escrupulosamente, cada segundo de la vida, obligado a bailar sin descanso (baile maldito), pero a un ritmo regular y a ser posible pausado. Olvido que esos pasos de baile debe darlos cargado con todo lo que le envío ... y él pierde el ritmo, a veces parece dispuesto a abandonar la pista, o se acelera creyendo que lo que suena es foxtrot y no vals.


Y por perpetrar tan largos olvidos, me toca después la penitencia de tenerlo siempre presente, presente cada segundo, consciente de cada paso de su danza aunque no quiera, esclava de sus movimientos, espectadora forzada de un baile que temo alterar con ideas o sentimientos inoportunos ... Y por apreciarlo tanto y por apreciar la vida que él me debe conceder ... resulta que esto no es vida, señores.

domingo, 24 de octubre de 2010

Razones



Para llevar razón sólo hace falta eso: tenerla. Sin embargo, parece que lo que más importa es que nos la den. Quizá es que vale más su reconocimiento que su posesión (en la relativa medida en que, siempre, podemos decir que nos pertenece).

domingo, 17 de octubre de 2010

A la derecha del Padre



En la cama del hospital apura las horas de una agonía que dura escasamente cuatro días. Unas plantas más arriba, su sobrina revienta de vida y alumbra un nuevo ser que se aferra, con toda la fuerza de que es capaz, a los pechos de su madre. En la silla, al lado de su cama, su padre, un anciano de más de ochenta años, espera impotente que la muerte confunda al final el sujeto a quien debe abrazar, y se decida por él.


Jóvenes que alumbran, adultos que mueren, ancianos que sobreviven y esperan más allá de su voluntad ... el hospital es de repente un microcosmos atolondrado, sin más sentido que el que asiste al mundo exterior, una torre de Babel en la que nada se entiende pero que acoge momentos reconcentrados, expresiones depuradas de la vida y la muerte, del sufriento y la dicha.


Y llegado este punto piensa qué ha habido de importante en la vida, qué ha sido LO importante al final, qué habrá que pueda llevarse, qué lo tranquilizará en el último momento y lo acompañará, que evitará la desesperación y la angustia tanto como la presencia de sus seres queridos, tanto como la certeza de haber sido amado y de amar; qué es lo único que ha estado a su alcance perseguir a diario, encontrar a diario, por si este momento se presentaba de improviso, sin llamar ni avisar, sin ser invitado ni tampoco esperado. Y le parece que la respuesta es la conciencia; limpia, sin saldos pendientes, capaz de mirarse en ella como en un espejo y querer lo que ve; quererse y respetarse a sí mismo tanto como le han podido amar quienes le hubieran querido igual aunque hubiese tenido bastantes más imperfecciones. Ese haber sido lo que debía, ante sus propios ojos, los suyos, único juez a quien no le era dado engañar, se erigía ahora como el prometido premio de ocupar un lugar 'a la derecha del Padre'; sí, estaba a la derecha, a su propia derecha, ya que él era el juez. Quizá no podía quejarse al fin.


lunes, 11 de octubre de 2010

Moscas




Algunas personas son como las moscas: sus alas les permitirían llegar a las más altas flores del árbol, pero prefieren regodearse en el estiércol a ras de tierra ... ¿para qué tendrán alas? (Suerte que hay otras que son como mariposas).

domingo, 3 de octubre de 2010

Los años






- ¿Cuántos años tienes?
- No lo sé.
- ¿En qué año naciste?
- En 1963.
- Entonces tienes 47 años.
- Bueno, esos son los que ya no tengo ...


La edad que tenemos está en la memoria, está en la experiencia, está en el recuerdo, está en la nostalgia, quizá en la sabiduría, un poco en el desencanto ...


Los años que decimos que tenemos son justo los que ya no tenemos, y los que de verdad tenemos (por delante), son una incógnita.


jueves, 30 de septiembre de 2010

Maleducados






La buena educación genera tensiones internas que deberían ser liberadas periódicamente. ¿Por qué no darnos el lujo, de vez en cuando, de ser unos auténticos maleducados con quienes lo son de continuo? ... por equilibrar los flujos, más que nada.




Una vez al mes, estaría bien administrarles un poco de su propia medicina en estos casos:

  • Cuando interrumpen conversaciones
  • Cuando fingen desconocer las fórmulas 'por favor' y 'gracias'
  • Cuando insisten en preguntar aunque contestes con evasivas
  • Cuando su curiosidad y su impertinencia rayan la marca olímpica
  • Cuando, al teléfono, preguntan quién eres antes de presentarse
  • Cuando no se apean del tuteo aunque les des tratamiento de ilustrísima
  • Cuando fingen viajar solos en el ascensor, en tu propia cara
  • Cuando, mudos, al salir te dejan aguantando la puerta y su perfume en las narices
  • Cuando se te pasan por delante en cualquier fila, así como descuidadamente
  • Cuando te arrebatan el hueco donde pensabas aparcar
  • Cuando ... (pueden ir añadiendo aquí alguna de las infinitas, burdas o muy rebuscadas variedades que tal especimen es capaz de ofrecernos)


Creo de verdad que el alivio tiene que ser importante. ¿Empezamos?


jueves, 23 de septiembre de 2010

¿Dentro lo mismo que fuera?




A veces pienso que algunos viven en una burbuja opaca, sordos y ciegos ante la realidad. De otro modo cuesta comprender algunas de sus posturas, muchos de sus comentarios y gran parte de sus decisiones.


A las aulas de quienes impartimos la enseñanza obligatoria llegan, cada vez más, alumnos cuyas familias (principalmente inmigrantes, pero no sólo) cargan en sus espaldas con lastres como el desempleo, el desarraigo, la desestructuración, ... firmes candidatas al estado de pobreza y de exclusión social.


Quizá estoy en babia, pero pienso que a esos alumnos, y sobre todo a sus familias, les debe sonar a música celestial que el profesor de turno les acucie para que compren los libros de texto imprescindibles para trabajar, los cuadernos y el material complementario indispensables para el quehacer diario, ... deben troncharse de risa pensando que nos parezcan tan importantes todos esos accesorios cada vez que se acuerden de que este mes no podrán pagar el alquiler, o de que sólo comerán legumbres y pollo, o de que vestirán ropa usada y calzado de plástico.


Me resulta de lo más cómico ver a alguno de mis colegas empleando el poco tiempo disponible y el mucho esfuerzo que a veces cuesta entendernos en idiomas distintos en tratar de hacer ver, a padres perdidos en un mundo extraño y hostil, agobiados por la necesidad y el miedo, heridos de ausencia y de soledad, que es de vital importancia adquirir los 'bienes' necesarios para que el proceso de enseñanza/aprendizaje pueda producirse.


A mí me desarma el desamparo, de cualquier tipo. Ante sus rostros inermes no acierto más que a repetir que no se preocupen demasiado, que nos ocuparemos nosotros en lo que podamos; sus intentos de excusar su situación me causan sonrojo y me obligan con ellos ... Al fin y al cabo, antes que ninguna otra cosa, esos niños y sus padres deberían más que aprender, constatar, que este entorno puede ser poco hostil, incluso amable.


Y es que siempre me puede el deseo de que en los centros educativos, a fuerza de leer y de dejar volar la imaginación, de escuchar música y percibir las emociones que despierta, de dibujar, escribir y crear, al margen y por encima de su mundo, de hacer ejercicio, bailar y jugar como si el olvido fuera posible, ... pudieran ver mitigadas las diferencias que les separan de quienes se encuentran en mejor situación, y sólo de ese modo alcanzasen la disposición de comenzar otros aprendizajes. Siempre me vence la creencia de que allí deberíamos ayudarles a olvidar lo grises y trabajosas que pueden ser algunas existencias, una vez se traspasa la verja que rodea el patio, porque de puertas adentro las cosas dependieran más bien de la voluntad y de la capacidad personal, ajenos al sistema, ajenos a la realidad ...


Sí, parece un contrasentido, pero no lo es: ser perfectamente conscientes de la realidad que hay fuera para poder, transgredirla, hacerle trampa y vencerla dentro.


La gente lo pasa mal, muy mal en el exterior. Estaría bien que al entrar no encontraran más de lo mismo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Alegría.








Tener capacidad para la alegría y para una de sus expresiones, la risa, es uno de los mejores premios que nos puede tocar en el reparto aleatorio que parece acompañar nuestro nacimiento. No hay tanta gente en el caso, no se crean.


Está claro que no nos referimos a la gente de risa fácil y primaria; hablamos de un 'humor', de una forma de estar y de ser, de sentir y de entender, de algo que parece fluir desde muy adentro de esas personas, de la manera más natural y sencilla, y que impregna su existencia y la de quienes están cerca. Tener capacidad para la alegría implica poseer también un sinfín de potencialidades añadidas, positivas todas ellas, que facilitan la vida enormemente a quien la posee, pero también a quienes rodean al alegre individuo. Las personas alegres suelen ser positivas, proclives a ver la parte favorable de cada asunto, sociables y de trato fácil, confiadas y poco propensas a ver intenciones ocultas tras las realidades que contemplan; ser conscientes de sus limitaciones no les impide sentirse seguras de sí mismas en lo que se saben diestras y parece alejarlas de las obsesiones y del victimismo, ... Suelen ser incluso más bellas, porque esbozan por costumbre sonrisas que iluminan sus rasgos, y les quitan dureza, devolviéndoles un punto de infancia a las facciones. Además, para colmar la copa, parecen moverse con más elasticidad y su lenguaje corporal expresa apertura, dinamismo, cercanía, cordialidad ...
Las personas alegres aderezan montones de momentos, dulces y amargos, con unas pizcas de humor, o de ironía, que les hace irresistibles, sin que por ello pequen de ingenuas, inconscientes o superficiales -necesariamente-.

Pues eso, que viva la gente alegre ... y que viva cerca de mí, por favor.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Hasta para nacer hay que tener suerte.




Cada día tengo más conciencia de lo absolutamente determinados que estamos en casi todo, del estrecho arcén y los pocos cruces o desvios que tiene la carretera en la que un día, sin comerlo ni beberlo, nos depositan y en la que nos vemos obligados a avanzar, unas veces a paso ligero e ilusionado, otras a rastras y sin aliento; desconociendo si encontraremos en ella gasolineras en que abastecer nuestros depósitos cuando se encienda la luz de la reserva, ignorando si habrá alguna área de descanso que nos permita abandonar, siquiera un momento, tan afanosa carrera, desprovistos de cualquier información sobre los paisajes que atravesará, sobre el tráfico y, sobre todo, sobre el propio destino de tan forzoso como esforzado viaje.


Hasta para nacer hay que tener suerte. Lo veo a diario, más por desgracia que por suerte, en mi profesión. Cada curso aparecen familias nuevas por el centro, cargadas con las señas administrativas que resumen la existencia de sus hijos, un libro de familia, unas fotos, un documento de identificación ... y nos las dejan en custodia, presas en una carpeta que seguirá almacenando más datos, esta vez académicos, de esos seres en principio desconocidos que irán dejando de serlo según la carpeta engorde. Es inevitable hacerse una idea, trazar un boceto de cómo será quien está por llegar a la vista de los emisarios. Acepto que no es necesario, quizá no es ni conveniente, pero es inevitable. Y cada curso, con pocas excepciones a la regla, cuentas los bingos por manojos. Estaba cantado.


¡Demonios! ¡Qué poco margen se tiene cuando te ponen en carretera con el peor de los coches, sin gasolina, y con los neumáticos hechos jirones! ¿Cuántas posibilidades se tiene, reales, de cambiarlo por otro decente durante la travesía? ¿Podemos aspirar quienes, como los guardias, estamos en los primeros kilómetros de esa carretera para ordenar el tráfico y ayudar en lo que se tercie, a hacer algo que no sea, al fin, un trabajo de chapa y pintura?


Sentados en sus pupitres comienzan la carrera el mismo día. Eso es lo único que les iguala auque ellos aún no lo sepan.


Y luego diremos que la carrera fue justa.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Solos ?




Empieza la mañana y miles (¿millones?) de personas abrirán esta ventana virtual quizá incluso antes que la que permitiría ventilar sus domitorios. Anoche esos u otros miles (¿millones?) la cerraron con el mismo gesto que hubieran empleado en cerrar la puerta del dormitorio de sus hijos, después de desearles buenas noches.


Para todas esas personas (miles o millones) esta pantalla plana es receptáculo de las palabras, los gestos, las sonrisas, las lágrimas, las caricias, las confesiones, que hace unos años sólo recibían personas de carne y hueso, cuando estaban a mano, o al otro lado del teléfono, o allí donde pudiera llegar una carta.


Me pregunto si esas personas (miles o millones) han perdido a la concreta cantidad de seres reales, cuyas caras y piel conocían, cuya presencia a menudo disfrutaban, y la han sustituido por aquellos otros, 'desconocidos', que se encuentran tras esta pantalla plana, o bien han engrosado la inicial cantidad y añadido todos estos a su bagaje primero.


¿Estamos más solos, más distantes de quienes realmente tenemos cerca, y por eso buscamos más lejos, o es que ahora podemos jugar a más bandas?


Supongo que cada uno lo sabe.


domingo, 29 de agosto de 2010

En el parque al fin.





Miraba distraído el pasar de gente en el paseo del parque, el sombrero en las manos, el bastón apoyado en el banco, mientras con un pie removía la arena bajo sus zapatos, una y otra vez. Sus ojos pardos encontraban a menudo un telón líquido que los separaba del mundo y que, también a menudo, acababa por despeñarse en forma de lágrimas inoportunas y sin sentimiento mejillas abajo; por eso nunca le faltaba, blanco y planchado, el pañuelo en el bolsillo. Una dentadura excesivamente perfecta había sustituído hacía mucho los que fueran sus dientes, vencidos por el tiempo y por la caries. Sus manos, antaño anchas, morenas y vigorosas, lucían un mapa impreciso de islas y archipiélagos hechos de manchas con variadas tonalidades entre el tostado y el marrón. Se diría que de su antiguo esqueleto y su musculatura habían extraído la fuerza que los sostenía y los alimentaba y ahora, sobre ellos, las ropas parecían no acabar de querer acomodarse a las formas, como si no se atrevieran a descansar su peso sobre tan endeble armadura.



Desde la residencia en la que dormía, comía y cenaba, aunque él no se atrevía nunca a decir que viviera, en el sentido auténtico del término, tardaba en llegar al parque escasos minutos caminando. Todas las tardes, a las cinco en punto, se acercaba hasta allí. Todas desde que ella enviudó.

A lo lejos, la figura de ella caminaba despacio, casi imperceptiblemente. Era tan menuda que, por el tamaño, era difícil valorar el avance, pensaba siempre él. Su pelo, gris plata, vaporoso y recogido atrás en un moño flojo, era lo primero que distinguía en particular. Sus pasos, cortos y a veces inseguros, la iban acercando poco a poco hasta ese banco en el que siempre se encontraban. Ella no usaba bastón y, aunque nunca se lo dijo, él pensaba que era más por coquetería que porque le resultara innecesario. Solía vestir faldas oscuras acompañadas de blusas claras, abotonadas hasta el cuello, y la rebeca nunca faltaba en su atuendo, a veces puesta, otras colocada sobre los hombros, y las más, doblada y colgando del brazo izquierdo. Sus manos huesudas tenían siempre un ligero temblor, lo mismo que la barbilla de él, pero a ella le parecía que en cambio su voluntad era maciza, inasequible al desaliento, perseverante y de una pieza. Ella sonreía con los ojos más que con los labios, y sabía también hablar con los primeros sin despegar los últimos. Olía a jabón de tocador y él juraría que jamás había sudado.




Cuando por fin alcanzaba el lugar donde esperaba él, iniciaban un lento paseo que les llevaba a otro banco, siempre el mismo, frente al estanque. Se sentaban, miraban las aguas que se reflejaban en sus ojos, también líquidos, escuchaban su chapoteo al caer desde el grifo central que la lanzaba a lo alto ingnorante de que tan continuo empeño no impediría jamás su caída. Hablaban a veces, con frases cortas y amables gestos. Normalmente callaban y sólo sentían la proximidad del otro, el tenue calor que sus cuerpos emanaban, e intentaban atrapar, en la corta hora que compartían, los días, los años que habían perdido antes, desde que ella decidió aceptar a otro por marido. Él nunca se lo había reprochado; se limitaba ahora a tomarle la mano marchita y a otorgar, en silencio, el perdón que los ojos de ella parecían solicitarle a diario.



martes, 24 de agosto de 2010

PRÓXIMAMENTE ...







Casi a oscuras, en la sala iluminada sólo por las imágenes de la pantalla, confortablemente sentada, invadida por un sonido que la envolvía y penetraba en su interior, abstraída por la historia, por la música, por la fotografia..., abandonaba poco a poco, pero inexorablemente, el mundo al que pertenecía, el tiempo que le correspondía, su alicuota parte de problemas y sinsabores reales, y se introducía como por arte de magia en ese otro mundo, no por plano y efímero menos vibrante, que se le ofrecía desde la pared de enfrente, absorviéndola por completo.


Tal era su abandono, tal su porosidad para con la sustancia inmaterial que la pantalla emanaba y por la que se dejaba traspasar, que en el momento en que el 'viaje' debía darse por finalizado, de una forma que nunca dejaría de parecerle brusca, cuando las letras empezaban a desfilar, lenta y ordenadamente sobre las últimas imágenes de la historia, cuando ya el final era irremediable, para bien o para mal, cuando ya no cabía ninguna modificación ni posible alternativa, hubiese gustado o no, dejase buen sabor de boca o un regusto amargo, o triste, o incluso indiferente, a ella le costaba regresar a la butaca, volver a apoderarse de ese cuerpo que seguía sentado, con la vista al frente, y obligarlo a realizar los movimientos que el resto de cuerpos parecían hacer con normalidad. Le resultaba imposible lograr, de inmediato, como todos, seguir con los asuntos cotidianos, y reconocer la calle y los bares, y el camino de regreso a casa. Necesitaba unos momentos para reubicarse e incluso reconocerse como habitante y vecina de ese lugar, de esa vida que, así al pronto, le parecía ajena.


Y aunque, claro está, lo lograba siempre y retomaba su camino, su lugar y su tiempo, sus penas y sus alegrías, sus trabajos cotidianos, sus pensamientos, sus relaciones, sus éxitos y sus fracasos, y volvía a hacerse dueña de la vida que le había tocado vivir y a lidiar con ella, no podía evitar que siempre, siempre, saltase una chispa de ilusión en sus ojos cada vez que un cartel, para otros insignificante y ajeno, mostraba las letras que componían una sola palabra, la palabra que era para ella puerta y pasaje, pasaporte seguro a los sueños:


P R Ó X I M A M E N T E ...


sábado, 13 de marzo de 2010

MIENTRAS TANTO... MÚSICA




A veces es mejor el silencio de una boca cerrada ... hay tanto, tanto ruido!

domingo, 21 de febrero de 2010

El llanto





El ser humano sorprende y maravilla.




No deja de ser un animal, un mamífero altamente dependiente de sus progenitores hasta bien avanzada edad. Un animal que precisa alimento, calor, cobijo y compañía y que se deja conducir o arrastrar por sus instintos para asegurar su supervivencia y la de su prole.




Un animal cuando es capaz de engullir lo que sea, incluso a uno de sus congéneres, para que su organismo perviva y siga realizando las funciones vitales con la regularidad que sus genes le marcan. Un animal cuando se rinde al instinto irreprimible de acercarse a otro cuerpo y adentrarse en él, con todos sus sentidos alerta, palpando, oliendo, saboreando un deseo que le traspasa ... Un animal cuando marca su territorio laboral, familiar, personal, sentimental, en un intento de dejar patente su potencial y su dominio ante posibles adversarios. Un animal temible en su capacidad depredadora, cruel e insaciable en la venganza, refinado y astuto cuando acecha, frágil e inerme frente a la enfermedad y absolutamente indefenso en soledad.




Un animal extraño y maravilloso, capaz de rodearse de belleza y de buscarla por placer. Que se emociona y que transmite esa emoción al hacer sonar las cuerdas de un violín o las de su garganta. Que crea, descubre e inventa sobrepasando la simple necesidad, Que siente dolor físico y que sufre de amor, de soledad, de impotencia. Un animal que llora.




Un animal distinto y que conmueve cuando su llanto no es fruto de su propia situación; cuando brota de un dolor totalmente ajeno, que no amenaza su seguridad, ni su alimento, ni su cobijo, ni su prole. Capaz de un llanto gratuito y solidario. Un llanto humano. Un llanto como el de César.




Esta entrada va por ti.


domingo, 24 de enero de 2010

Miedo

Creo que hoy hace un mes que no escribo nada por aquí. Quisiera tener algo bueno o interesante que contar, pero de momento creo que no.
A algunos les relaja ir desgranando sobre el papel el rosario de sus cuentas infelices (¡ay, Sabina, siempre tú!), pero yo aún no estoy familiarizada con esta especie de escaparate, tan público como indiscreto, y me cuesta olvidar que detrás del cristal sobre el que aparecen estas letras puede haber algunas parejas de pupilas observadoras, testigos mudos (o no) de mi desvalida desnudez.
Esperaré. A que mi cabeza pueda llenarse de otra cosa que la que ahora contiene. A que el miedo deje de soplar sobre mi triste figura. Sé que todo es finito, hasta lo malo.
Así sea.

viernes, 25 de diciembre de 2009

La mirada






Hoy quiero agradecer cuanto tengo, e incluso el haber tenido cuanto perdí.



Hoy pido sólo un deseo: conservar esta misma mirada. Que nada la distraiga ni la confunda, para que mi paisaje esencial siga pareciéndome siempre un valle tranquilo de fértiles tierras. Que sea capaz de abarcar hasta la línea del horizonte sin detenerse en la flor marchita, en la rama tronchada o el charco sucio, y así apreciar la armonía del conjunto, no menoscabada por las pequeñas imperfecciones. Y pido también justo lo contrario: que cuando el conjunto parezca plomizo y carente de vida, las minúsculas imágenes perfectas en que se pose de vez en vez, sirvan para iluminar la escena y mantengan mi interés por seguir mirando.



Pido el don de saber mirar, para poder ver.