miércoles, 30 de septiembre de 2009

Les tengo manía ... sí.


Todos debemos tener palabras preferidas y palabras a las que tomamos manía, me figuro yo. Al menos eso es lo que me ocurre mí. A éstas últimas solemos desterrarlas (cuando podemos) de nuestro vocabulario sin saber a ciencia cierta a qué responde la animadversión que nos provocan. Suelen ser palabras que tienen otros posibles sinónimos tan fáciles de utilizar como el 'término maldito' en sí, pues en caso contrario nuestra negativa a pronunciarlas nos originaría algún problema más de una vez.


A mí me ocurre esto con el diminutivo 'poquito'. Tengo asociada esta palabra a las retransmisiones en directo de la vuelta ciclista (da igual el Tour, que el Giro o la Vuelta Ciclista a España). Llevo una buena ristra de años consecutivos escuchando la palabrita de labios de estos comentaristas deportivos (tal vez sean siempre los mismos, impertérritos en sus puestos), aplicándola tanto al esfuerzo como al cansancio de los corredores, al viento o a la lluvia de la jornada, al carácter llano o montañoso de la etapa ... todo es un poquito de esto o de lo otro...


La palabra 'poquito' me parece diminutiva en exceso; con 'poco' ya se da la información suficiente acerca de la cantidad, de manera que se me antoja innecesario el sufijo. Reconozco que es manía mía, porque en cambio sí uso 'bajito' o 'gordita', pero en estos casos es posible que sea por suavizar en lo posible la realidad que tales adjetivos califican ... no sé.


No se libra tampoco de esta ojeriza por mi parte el término 'inclusive', y en este caso, con más encono si cabe. Me es imposible no prejuzgar negativamente a quienes utilizan este término pudiendo recurrir al más sencillo y austero 'incluso'; automáticamente se convierten para mí en personalidades trasnochadas, redichas o ampulosamente pomposas, con pretensiones de exhibir una cultura de la que seguramente carecen y modales relamidos. Sí, ya sé que es una exageración por mi parte, pero me resulta inevitable, lo reconozco.


Podría engrosar la lista con algunos ejemplos más, como 'quizás', que siempre sustituyo por 'quizá' o 'tal vez', como si la 's' final fuera una excrecencia anormal, intolerable.


En fin, supongo que todos tenemos nuestras manías. Yo reconozco que éstas mías tienen más de subjetivo y visceral que de razonable ... pero al fin y al cabo sin consecuencias graves. Otro día hablaremos de las 'otras' palabras, aquéllas que, tan visceralmente como las primeras me disgustan, se enganchan a mis oídos y a mi boca como si música fueran ... Otro día.

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