domingo, 4 de octubre de 2009

El nombre


Sé que éste es uno de los asuntos que podría haber tratado como primera entrada, pero mi blog es como yo, algo caótico e impulsivo a veces; en definitiva, habla de lo que le parece cuando se le ocurre y no atiende a más razones que su voluntad. Quizá por eso es 'pillo'.


Quien se haya molestado en desplegar mi perfil, bien por azar, por puro trámite o por saciar una posible curiosidad sobre esta servidora, habrá comprobado que mi profesión es la de maestra de primaria. Cuando me decidí a crear este blog me resultó imprescindible pensar también en un nombre con que bautizarlo, tarea harto difícil para mí, lo confieso. Considerando que quizá (sólo quizá) entre los contenidos que fueran engrosando sus páginas se irían colando algunos relacionados con mi profesión, se me vino a la mente la tan manida frase: "cada maestrillo tiene su librillo". Me pareció muy socorrida la idea y me dispuse a llamar así a mi nueva criatura: 'Mi librillo'. Pero hete aquí que dicha denominación no estaba virtualmente disponible, y todo mi gozo vino a hundirse en las oscuras aguas de un pozo de impaciencia y desazón.


Sin ganas ya, sin fuerza y sin ideas, me resultaba imposible encontrar nada que no tuviera que ver con el dichoso 'librillo', y me decidí por la tarea de buscar un adjetivo que casara con lo que, a priori, pensaba que podría llegar a ser mi ya querido y 'diminuto' sustantivo. Y como soy muy dada a considerar la parte fonética de los vocablos, y éstos se me prenden muchas veces a la lengua y los oídos más por su música que por su significado, no pude evitar escoger el adjetivo 'pillo', que rimaba con el sustantivo al tiempo que traía remembranzas del carácter de muchos de mis alumnos, que se hacen querer en no pocas ocasiones por traviesos y por pícaros.


Y de este modo di por terminado el capítulo del bautismo. He de reconocer que no me ha dejado excesivamente satisfecha en sí mismo, pero me permitió entonces ponerme manos a la obra con lo que de verdad constituía el fondo de mi propósito: dejarle (nombrado ya) contar a su modo lo que tuviera a bien contar, permitirle jugar con las palabras e inventar historias, abrirle la puerta de los pensamientos para que se colara y, pícaramente, tirara del hilo que los va hilvanando para dejarlos tendidos al aire y al sol ...


Y es esta y no otra la historia real de mi pequeña obra, de un libro pequeño... y a veces, travieso.



No hay comentarios: