sábado, 17 de octubre de 2009

Personas excepcionales.





Que todos somos únicos e irrepetibles es algo que escuchamos infinidad de veces a lo largo de la vida. Sin embargo, que efectivamente seamos únicos e irrepetibles no nos convierte en personas excepcionales, según lo veo yo.


La aseveración se referirá, sin duda, a que nuestra carga genética lo es, y por tanto, aunque podamos compartir experiencias, medio social o cultural, acontecimientos vitales, educación y otros muchos factores con algunos de nuestros semejantes, la personalidad resultante, la esencia de nuestra identidad será siempre distinta, en el grado que se quiera admitir, de la de ese prójimo que nos rodea.


Por otro lado, entrar en la categoría de 'persona excepcional', aunque ésta casi siempre es una expresión que se emplea en sentido positivo y halagador, puede lograrse por el poco encomiable método de alejarse del común de los mortales al concebir ideas o realizar actos del todo excepcionales en su inconveniencia, falta de justicia, de razón, de juicio ... Me vienen a la mente individuos tan 'excepcionales' como cualquier asesino en serie, como cualquier terrorista (sea o no suicida), como cualquier enajenado mental o ser que como tal se comporte (valdría Hitler, como ejemplo) ... Pero no, no es de este tipo de 'persona excepcional' del que me quiero ocupar aquí.


Frente a ésos, están aquellos seres humanos que han resultado excepcionales entre la humanidad por sus aportaciones a la ciencia, al pensamiento, a la política, a la tecnología, al arte ... (Galileo, Platón, Ghandi, Einstein, Miguel Ángel...) ; o aquéllos otros que fueron o son también excepcionales por su capacidad de lucha o de resistencia al infortunio, por la defensa de sus ideales, por su filantropía, por su acierto en decisiones que acarrearon un bien común (Mandela, Luther King, Teresa de Calcuta, ...). Pero no, tampoco es de este tipo de 'personas excepcionales' de los que quiere tratar este artículo. Tanto los del anterior párrafo como los de éste son seres casi únicos en su excepcionalidad, auténticas agujas en el populoso pajar del planeta.


Todos somos únicos e irrepetibles, sí; pero si nos lo propusiéramos, la inmensa mayoría podríamos entrar sin problema a formar parte de algún grupo o categoría de ser humano más o menos abundante y cuyos miembros son lo suficientemente parecidos entre sí, por sus reacciones, por sus ideas, por su sensibilidad, ... como para poder tomarlos en conjunto por una 'clase' de personas. Entre esas categorías o grupos se encuentra también el de las 'personas excepcionales de a pie', pero no por ello (por ser 'de a pie') menos encomiables, menos beneficiosas para quienes les rodean, menos importantes en su entorno vital. Todas esas 'clases' de personas son muy abundantes, qué duda cabe, como abundante es el total de seres humanos que poblamos el globo terráqueo. Sin embargo, la categoría de las 'personas excepcionales de a pie' es sensiblemente minoritaria entre las demás, desgraciadamente.


Quiero pensar que todos somos lo suficientemente afortunados para haber tenido o poder tener en un futuro la ocasión de toparnos con alguna de esas personas. Suelen ser seres sabios, que sin embargo nada se empeñan en enseñar; mesurados y sensatos en todas sus expresiones, ponen diques de prudencia y discreción que contengan la manifestación de su excepcionalidad, pero ésta es tal, que brota por los finos poros del material de que ambas están compuestas quedando más patente si cabe, por cuanto se opone al afán de la mayoría. La luz de su inteligencia suele estar siempre alimentada por el generador de su bondad, de su honestidad, y aunque suele ser de potencia cegadora, se conducen entre todos con la humildad de quien porta un sencillo candil. Se adornan también de una alegría serena, conformes con su destino, capaces para observar de una simpleza el milagro, y no conocen la envidia, la vanidad o la soberbia. Y, aunque no se les engaña, son magnánimos al juzgar y proclives a ver en cualquiera una virtud. Son confiados, coherentes, positivos y profundos, y no sienten necesidad de demostrar, convencer, merecer o figurar. Cuando se está en su compañía, su excelencia personal, lejos de hacerles de menos, genera entre los demás el deseo de mejora, el afán de superación, la admiración fecunda y una especie de paz, de amansamiento de malos instintos, de 'vergüenza torera' que obliga a estar a la altura sacando de 'los adentros' lo mejor de cada cual.



Yo sí, soy afortunada. He hallado en mi camino algunos de los individuos que responden a esas características. Un par son de mi profesión. Aunque no lo necesitan (ni lo van a poder leer porque ignoran su existencia) quiero desde este blog rendirles un merecido homenaje, agradecerles su presencia en mi vida, su compañía en algunos momentos, su ejemplo, sus enseñanzas, y sobretodo, el optimismo y el orgullo que genera en mí saber que existen personas como ellos, aunque sean la excepción (o precisamente por ello). Quiero rendírselo también a aquellos otros seres de este género que, habiéndose cruzado en mi camino, no han sido identificados por causa de mi torpeza.



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