sábado, 10 de octubre de 2009

Sobre mis escritos

Siento una profunda admiración por quien se dedica a escribir, por quien es capaz de transportarnos en las alas de sus palabras a otros asuntos, a otros mundos, a otras vidas.


A menudo me paro a pensar la enorme dificultad que debe suponer escribir una novela: perfilar sus personajes, urdir una trama, ordenar los hechos de manera no sólo atractiva, sino inteligible, salpicarla de las imprescindibles descripciones, cargadas de esos adjetivos, esas expresiones y perífrasis que personalizan tanto el estilo de cada autor y que son las que, básicamente, acaban por ser el escaparate en que se luce su oficio ...


A menudo también disfruto del rato de lectura agradable que me proporcionan articulistas habituales de los 'dominicales' de muchos diarios; y me ocurre lo mismo: me sorprende su capacidad para encontrar cada semana algo de lo que 'hablar' y sobre todo algo nuevo que 'decir'; su facilidad para contar toda una historia (un relato corto) en la escueta página de una revista; su habilidad para ofrecer una opinión, y sus razones, en un espacio tan magro ... y además hacerlo con una periodicidad marcada.


Por motivos laborales (del pasado) he dado vida a infinidad de escritos administrativos (oficios, instancias, recursos, notas informativas, cartas ...) y siempre he disfrutado redactándolos de la forma más correcta que me ha sido posible, expresando con la máxima exactitud o propiedad aquello que debía o quería decir. Sin embargo, nunca he escrito por placer ni con afán literario (hasta ahora). Desconozco el motivo de no haberlo hecho antes, como desconozco el motivo que me ha llevado a intentarlo ahora. Repentinamente me ha asaltado el deseo de escribir historias; historias pequeñas, ya que no soy capaz de otra cosa. Confieso que lo más dífícil es encontrar la 'idea', hallar el objeto y el sujeto de quien se quiere contar algo ...; después empieza la fase gratificante y activa, la de irle dando forma cambiando y volviendo a cambiar palabras y signos de puntuación, como si se trabajara con arcilla, hasta que ofrece el aspecto más parecido a aquello que se tenía en mente.


Los dos relatos que he publicado en este blog (La velita y Las teclas de acero) son mis dos primeras creaciones. Están pensadas y escritas en las fechas en que aparecen publicadas, es decir, son escritos poco madurados y muy mejorables sin duda, pero fruto espontáneo y fresco de la 'inspiración' de un momento. Según los voy releyendo, a veces corrijo detalles de expresión o de puntuación que me saltan a la vista y que anteriormente me pasaron desapercibidos, de modo que pueden ir variando con el tiempo, aunque la fecha de publicación no se modifica (ignoro por qué).


Me gustaría que si alguien los lee, y le apetece, escribiera un comentario del tipo que sea: lo que le sugieren, fallos, aciertos ... serán siempre bien recibidos. Supongo que será difícil que esto ocurra, pues no he desvelado a nadie la existencia del blog, de manera que será el puro azar quien pueda llevar al posible internauta hasta ésta su casa. De momento no cuento con ningún comentario en ninguna de las entradas; esperemos que un día la cosa cambie.


¡Ah! en cuanto a la estadística de visitas que está en la columna de la izquierda, cuantas están contabilizadas sin duda son mías, pues mi falta de pericia técnica para hacer cualquier cambio o añadido tanto en el fondo como en la forma de los artículos me obliga a innumerables pruebas e intentos que son los que van engrosando el número de unos 'huéspedes' que, hasta ahora, no son más que dobles de mí misma ...


Espero que alguno de ustedes pueda disfrutar de alguna de mis entradas ... algún día ... Aprovecho para darles las gracias anticipadas.

3 comentarios:

zim dijo...

Esto era cierto hasta hace un momento, aquel en que he revelado la existencia de este blog a un desconocido (o casi). Me corrijo a mí misma porque detesto las inexactitudes que pueden parecer o interpretarse como mentiras.

Javier dijo...

Querida Zim:
Siendo como somos dos desconocidos, o casi, compartimos ese dulce anonimato, o casi, que nos permite expresarnos con mayor libertad, como ocurre con tantos. Me brindas el honor de ser el primero en dejar aquí unas palabras, que no pueden ser sino de agradecimiento por este rato de tranquilidad al leer tus relatos. Fruto de esa inspiración del momento, como dices, son sin embargo expresivos y densos. Y no debes olvidar, como alguien que no recuerdo dijo, que la musa te visita cuando estás trabajando.
Gracias y ánimo con esta empresa que comienza. Nos vemos por estos lugares virtuales.

zim dijo...

Gracias, Javier, por tus palabras de ánimo y por invertir parte de tu tiempo en leer lo que (con mayor o menor fortuna) en las paredes de ésta tu casa voy colgando.
Sí, nos seguiremos viendo en estos lugares virtuales, espero ...