miércoles, 9 de diciembre de 2009

Charcas y estanques



¿Por qué me ocurrirá que las vidas de la gente que me rodea me las imagino más sencillas, menos intrincadas que la mía propia? Casi siempre que me encuentro en uno de esos 'vericuetos' que acechan a la vuelta de cualquier esquina y te complican la existencia momentánea (sin necesidad de que sean tragedias y dramas de antología), no puedo evitar mirar a mi alrededor y pensar que los demás tienen menos complicaciones y viven más tranquilos.


La vida propia, vista con la cercanía de lupa de un entomólogo (que es como la vemos y conocemos sin más remedio), es como esas imágenes obtenidas por microscopios de altísima potencia, en las que la más aterciopelada piel de un bebé muestra un aspecto obsceno, plagada de ácaros y partículas indescriptibles que borran de un plumazo la posible identidad entre lo que, como concepto, guardamos en mente y reconocemos como 'piel de bebé' y lo que se ofrece a nuestros ojos merced al artilugio en cuestión.


Mis ojos (miopes, astigmáticos e incluso presbíc... -que tienen presbicia, y no conozco el adjetivo-) contemplan las vidas ajenas cual envidiables estanques en cuyas aguas mis conocidos se dejan mecer, ajenos a las minúsculas miserias y mezquindades que, sin prisa pero sin pausa, transitan por la mía, más charca 'vulgaris' que otra cosa. Y aunque en mi charca cantan las ranas, y colorea algún nenúfar, y también viven peces, el agua en ocasiones parece turbia y flotan residuos alguna vez.


Sus estanques, en cambio, se me antojan limpios y transparentes, como si en sus profundidades no se hubiera ocultado jamás el viejo monstruo del lago Ness, con su capacidad para remover cienos que enturbien no sólo la vista, sino a veces la propia seguridad y el propio equilibrio.


Y total, todo esto, porque se acerca la Navidad ...


4 comentarios:

Luis Valdesueiro dijo...

La imaginación es traicionera; nos obliga a suponer como real lo que acaso sólo sea fruto de nuestra fantasía. Pero, en cualquier caso, lo que sí parece real es el sentimiento que pone alas a esas imaginaciones. Quizá... porque se acerca la Navidad...

zim dijo...

Seguramente; pero pudiera ser que, a veces, imaginar límpidos estanques ajenos es lo que convierte en charcas nuestras propias aguas ... No siempre se puede evitar que el pecado de la comparación determine nuestros sentimientos.
Gracias por tu visita, Luis.

Kim Basinguer dijo...

Todos tenemos esos sentimientos, pero si paramos un poco y miramos friamente nuestra vida y la de otro,con lo bueno y lo malo, la mayoria de las veces no querriamos cambiarnos de lugar.

zim dijo...

Seguramente tengas razón, Kim. Pero eso sería si conociéramos todos los entresijos de sus vidas. Mientras tanto, no puedo evitar el impulso de juzgar las suyas como charcas más tranquilas ... En fin, misterios de cada mente y cada corazón ...
Un cordial saludo.