domingo, 21 de febrero de 2010

El llanto





El ser humano sorprende y maravilla.




No deja de ser un animal, un mamífero altamente dependiente de sus progenitores hasta bien avanzada edad. Un animal que precisa alimento, calor, cobijo y compañía y que se deja conducir o arrastrar por sus instintos para asegurar su supervivencia y la de su prole.




Un animal cuando es capaz de engullir lo que sea, incluso a uno de sus congéneres, para que su organismo perviva y siga realizando las funciones vitales con la regularidad que sus genes le marcan. Un animal cuando se rinde al instinto irreprimible de acercarse a otro cuerpo y adentrarse en él, con todos sus sentidos alerta, palpando, oliendo, saboreando un deseo que le traspasa ... Un animal cuando marca su territorio laboral, familiar, personal, sentimental, en un intento de dejar patente su potencial y su dominio ante posibles adversarios. Un animal temible en su capacidad depredadora, cruel e insaciable en la venganza, refinado y astuto cuando acecha, frágil e inerme frente a la enfermedad y absolutamente indefenso en soledad.




Un animal extraño y maravilloso, capaz de rodearse de belleza y de buscarla por placer. Que se emociona y que transmite esa emoción al hacer sonar las cuerdas de un violín o las de su garganta. Que crea, descubre e inventa sobrepasando la simple necesidad, Que siente dolor físico y que sufre de amor, de soledad, de impotencia. Un animal que llora.




Un animal distinto y que conmueve cuando su llanto no es fruto de su propia situación; cuando brota de un dolor totalmente ajeno, que no amenaza su seguridad, ni su alimento, ni su cobijo, ni su prole. Capaz de un llanto gratuito y solidario. Un llanto humano. Un llanto como el de César.




Esta entrada va por ti.


4 comentarios:

Javier dijo...

Bienvenida de vuelta (qué mal me suena). Eso somos, animales, a veces temibles, otras lastimosos, siempre llorones... pero no somos los únicos animales que lloran. Yo lo he visto.

Un abrazo

zim dijo...

Gracias, Javier, bienhallado.
Creo que las lágrimas son el fluido humano por excelencia.
Otro abrazo.

Luis Valdesueiro dijo...

Feliz regreso, Zim. Solo se me ocurre decir que quizás la mayor estupidez es olvidar lo que tenemos en nombre de lo que quisiéramos conseguir. ¿Cabe mayor ingratitud? A veces parece como si solo fuéramos capaces de valorar lo que perdemos.

Un abrazo.

zim dijo...

Gracias, Luis. También somos capaces de sufrir y verter lágrimas por pura y simple empatía. Esa facultad de ponernos en lugar de otro es lo que nos humaniza, trascendiendo nuestros errores e ingratitudes.
Un beso.