viernes, 17 de septiembre de 2010

Alegría.








Tener capacidad para la alegría y para una de sus expresiones, la risa, es uno de los mejores premios que nos puede tocar en el reparto aleatorio que parece acompañar nuestro nacimiento. No hay tanta gente en el caso, no se crean.


Está claro que no nos referimos a la gente de risa fácil y primaria; hablamos de un 'humor', de una forma de estar y de ser, de sentir y de entender, de algo que parece fluir desde muy adentro de esas personas, de la manera más natural y sencilla, y que impregna su existencia y la de quienes están cerca. Tener capacidad para la alegría implica poseer también un sinfín de potencialidades añadidas, positivas todas ellas, que facilitan la vida enormemente a quien la posee, pero también a quienes rodean al alegre individuo. Las personas alegres suelen ser positivas, proclives a ver la parte favorable de cada asunto, sociables y de trato fácil, confiadas y poco propensas a ver intenciones ocultas tras las realidades que contemplan; ser conscientes de sus limitaciones no les impide sentirse seguras de sí mismas en lo que se saben diestras y parece alejarlas de las obsesiones y del victimismo, ... Suelen ser incluso más bellas, porque esbozan por costumbre sonrisas que iluminan sus rasgos, y les quitan dureza, devolviéndoles un punto de infancia a las facciones. Además, para colmar la copa, parecen moverse con más elasticidad y su lenguaje corporal expresa apertura, dinamismo, cercanía, cordialidad ...
Las personas alegres aderezan montones de momentos, dulces y amargos, con unas pizcas de humor, o de ironía, que les hace irresistibles, sin que por ello pequen de ingenuas, inconscientes o superficiales -necesariamente-.

Pues eso, que viva la gente alegre ... y que viva cerca de mí, por favor.

3 comentarios:

Javier dijo...

Quizá la alegría, que puede identificarse con una forma de ser del individuo, radique en la ingenuidad más absoluta, en el desconocimiento o incomprensión del mundo tangible. Quizá sean personas con un filtro especial que anula toda conflictividad, todo desajuste emocional y cualquier matiz negativo, y por eso son felices en términos absolutos, porque han creado un mundo propio en el que no tiene cabida lo erróneo, feo y desagradable que nos rodea. Quizá por eso todo lo ven de otra manera.

No sólo me gustaría estar rodeado de ellos, sino que quisiera ser uno más.

Un abrazo.

Miguel dijo...

Es importante rodearse de personas alegres porque éstas contagian su buen humor, y no sólo eso sino que además son más felices.

Un saludo

zim dijo...

Javier, no sé si coincido en eso de que la alegria pueda ser producto de su ingenuidad, desconocimiento y/o incomprensión ... al menos en todos los casos.
Miguel, claro que es contagioso, como lo es la tristeza y la melancolía.
A mí me produce alegría vuestra visita. Gracias.