jueves, 23 de septiembre de 2010

¿Dentro lo mismo que fuera?




A veces pienso que algunos viven en una burbuja opaca, sordos y ciegos ante la realidad. De otro modo cuesta comprender algunas de sus posturas, muchos de sus comentarios y gran parte de sus decisiones.


A las aulas de quienes impartimos la enseñanza obligatoria llegan, cada vez más, alumnos cuyas familias (principalmente inmigrantes, pero no sólo) cargan en sus espaldas con lastres como el desempleo, el desarraigo, la desestructuración, ... firmes candidatas al estado de pobreza y de exclusión social.


Quizá estoy en babia, pero pienso que a esos alumnos, y sobre todo a sus familias, les debe sonar a música celestial que el profesor de turno les acucie para que compren los libros de texto imprescindibles para trabajar, los cuadernos y el material complementario indispensables para el quehacer diario, ... deben troncharse de risa pensando que nos parezcan tan importantes todos esos accesorios cada vez que se acuerden de que este mes no podrán pagar el alquiler, o de que sólo comerán legumbres y pollo, o de que vestirán ropa usada y calzado de plástico.


Me resulta de lo más cómico ver a alguno de mis colegas empleando el poco tiempo disponible y el mucho esfuerzo que a veces cuesta entendernos en idiomas distintos en tratar de hacer ver, a padres perdidos en un mundo extraño y hostil, agobiados por la necesidad y el miedo, heridos de ausencia y de soledad, que es de vital importancia adquirir los 'bienes' necesarios para que el proceso de enseñanza/aprendizaje pueda producirse.


A mí me desarma el desamparo, de cualquier tipo. Ante sus rostros inermes no acierto más que a repetir que no se preocupen demasiado, que nos ocuparemos nosotros en lo que podamos; sus intentos de excusar su situación me causan sonrojo y me obligan con ellos ... Al fin y al cabo, antes que ninguna otra cosa, esos niños y sus padres deberían más que aprender, constatar, que este entorno puede ser poco hostil, incluso amable.


Y es que siempre me puede el deseo de que en los centros educativos, a fuerza de leer y de dejar volar la imaginación, de escuchar música y percibir las emociones que despierta, de dibujar, escribir y crear, al margen y por encima de su mundo, de hacer ejercicio, bailar y jugar como si el olvido fuera posible, ... pudieran ver mitigadas las diferencias que les separan de quienes se encuentran en mejor situación, y sólo de ese modo alcanzasen la disposición de comenzar otros aprendizajes. Siempre me vence la creencia de que allí deberíamos ayudarles a olvidar lo grises y trabajosas que pueden ser algunas existencias, una vez se traspasa la verja que rodea el patio, porque de puertas adentro las cosas dependieran más bien de la voluntad y de la capacidad personal, ajenos al sistema, ajenos a la realidad ...


Sí, parece un contrasentido, pero no lo es: ser perfectamente conscientes de la realidad que hay fuera para poder, transgredirla, hacerle trampa y vencerla dentro.


La gente lo pasa mal, muy mal en el exterior. Estaría bien que al entrar no encontraran más de lo mismo.

6 comentarios:

Javier dijo...

Es verdad que afuera hace frío, pero mucho me temo que el hogar no está encendido... si acaso unas brasas que no dan para asar la cena. Y a pesar de todo, lo que más debería entristecernos es que el frío se nos meta en lo más profundo del corazón para, aterido, volverse insensible a todo, incluso a nosotros mismos.

¡Qué pena, que no podamos contemplarnos con otra perspectiva que la soberbia y el desprecio hacia lo que no es como nosotros, hacia lo que no es "nosotros"! El asunto que has abordado, Zim, da para mucho en términos humanos, pero los políticos sólo lo emplean para hacer sus estadísticas y jugar a los números, los objetivos, las capacidades y las estupideces a que nos tienen acostumbrados.

Un abrazo.

zim dijo...

Quizá queda un poco confuso en la entrada, pero a pesar de lo que en ella cuento, soy consciente que también tengo compañeros que no dejan que la llama se apague, que avivan su fuego y con él confortan cuanto pueden. Justo es reconocerlo.

Los políticos y los burócratas nos asaetean con estadísticas, objetivos, cupos, ... pero es cuestion de no dejar que lo que nos inoculan se adueñe de todos nuestros huecos, de mantener dentro un poco de espacio sencillo, libre y hospitalario.

Abrazos, Javier.

César dijo...

No podría añadir nada más. Preciosa entrada, dura realidad.

zim dijo...

Dura, sí. Gracias por tu visita, César. Me gustó mucho la imagen de tu entrada, aunque olvidé escribírtelo.
Un saludo cordial.

Miguel dijo...

Yo tengo en mi clase un alumno con estas características. Viene a clase sin libros, sin libretas, sin estuche... sin mochila. Dice que a lo mejor su madre algún día le comprará una. Pero mientras...
La verdad es que los docentes tenemos que estar muy atentos a estas coyunturas sociales. Porque la realidad a veces nos sorprende.

Un beso.

zim dijo...

Miguel, que nos sorprenda no es malo, sí que nos deje indiferentes o que seamos incapaces de amoldar y modificar nuestras 'teorías' de acuerdo con ella.
Gracias por venir. Te deseo sorpresas ... gratas.