domingo, 10 de abril de 2011

La nuez rota





Cuando miro hacia atrás y compruebo los efectos del paso de la vida sobre quien fui, sólo puedo sacar en claro que, según ha ido aumentando mi capacidad para emocionarme y para mostrarme vulnerable, ha disminuido el pudor que ello provocaba en mí. Sólo rota ofrece la nuez lo que podemos tomar de ella. Espero haber transitado por el buen camino porque temo no estar ya a tiempo de corregir la trayectoria.


sábado, 19 de marzo de 2011

A mi padre





... que aunque no esté ya, sigue llenando mi memoria de instantáneas que en lugar de ajarse con el tiempo, parecen detenidas y lustrosas. A mi padre, cuya ausencia arrastró consigo la mitad de su recuerdo, dejándome solo la otra mitad a la que Serrat se refiere en su canción, en la que no cabe más que lo digno de ser recordado. A mi padre, que aró la tierra y condujo autobuses y tranvías con el mismo afán de excelencia que pone un cirujano en su labor componedora. A mi padre, que en su humildad y su grandeza solo pudo enseñarme, con el ejemplo, el valor de la honestidad, el fruto del trabajo y la entereza y, sobre todas las cosas, el poder de la alegría. A mi padre, que se arrancaba a cantar con la más pequeña excusa y que bailó hasta gastar las suelas de sus zapatos. A mi padre, que cuando cobraba en sobre su nómina nos hacía con los billetes un camino en el suelo para que los contáramos y festejáramos que alguna vez era más largo. A mi padre, robusto y saludable; a mi padre, enfermo y frágil al fin. A su agonía, a su dolor, a su último suspiro, que aún escucho. A su sonrisa, a sus fuertes manos, a sus 'bíceps crecedores' que tanto nos maravillaban; a sus clases de pasodoble en el salón, al amor que le unía a mi madre y al que le unía a su tierra... a su capacidad de disfrute, a la conformidad y satisfacción con que siempre contempló su propia vida. A mi padre y al orgullo con que siempre me declaré hija suya. Al tiempo infinito de inútil penuria que tardó la muerte en arrebatarlo ... tanto penar para morirse uno.

jueves, 6 de enero de 2011

Otra vez abarcas vacías, otra vez desiertas ...




Anteayer vi 'Biutiful', una historia que desde el primer minuto te golpea en el estómago, como un puño cerrado; que te deja sabor a ceniza en el paladar. Dura, muy dura desde todos sus flancos. Ni una concesión, ni un respiro. Lo peor de todo, saber que esas vidas existen, tal cual, o peores.



Ojalá hubiera reyes magos capaces de dejar algo en sus 'desiertas abarcas', siquiera el calor de una esperanza.



Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza,
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana,
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de bota
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta,
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía,
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.