jueves, 6 de enero de 2011

Otra vez abarcas vacías, otra vez desiertas ...




Anteayer vi 'Biutiful', una historia que desde el primer minuto te golpea en el estómago, como un puño cerrado; que te deja sabor a ceniza en el paladar. Dura, muy dura desde todos sus flancos. Ni una concesión, ni un respiro. Lo peor de todo, saber que esas vidas existen, tal cual, o peores.



Ojalá hubiera reyes magos capaces de dejar algo en sus 'desiertas abarcas', siquiera el calor de una esperanza.



Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza,
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana,
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de bota
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta,
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía,
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.